«Qué mayor estoy», pensaba la abuela cuando se levantaba cada mañana.
Ya hacía unos cuantos años que estaba muy sola en el pueblo. Sus hijos y sus nietos se
fueron a la capital con un nuevo trabajo y la esperanza de que allí todo iría mejor. Era
viuda desde hacía ya quince años, en el aroma de su hogar se respiraba soledad.
Su casa no era demasiado grande, tenía una habitación donde una cama
de matrimonio con cabecero de latón era el centro de la estancia, dos mesillas viejas de
nogal a juego con un armario, un baño antiguo y austero, una pequeña cocina – comedor
con un hogar donde cada mañana chisporroteaban los troncos de leña y la tetera silbaba
desprendiendo un suave olor a dulces hierbas, una mesa grande en el centro y dos
bancos a los lados, de frente la ventana con un sillón donde pasaba las horas ya fuera
invierno o verano. Allí estaba, era parte de su vida y de su día a día, esa cristalera le daba
luz y color a cada amanecer.
Los pequeños se amontonan en su ventana a la salida del colegio, les
encanta que la abuela les cuente historias y leyendas del pasado vivido. La señora Paca
que cada tarde le comenta los chismorreos del barrio, el panadero que cada día le lleva el
pan y le cuenta anécdotas de sus clientes, Hortensia, la de enfrente, que desde su balcón
le habla cada atardecer para ver cómo sigue de sus dolores de huesos.
Solo su ventana podía distraerla y mantenerla viva.
A pesar de estar entretenida a diario, no dejaba de pensar que en breve
sería Navidad y volvería a estar las fiestas sola. Su hijo no podía ir a pasar esos días con
ella por el trabajo. Aunque nunca se quejaba y le decía a su familia que no se preocupara,
la abuela no dejaba en el fondo de estar muy triste porque los añoraba. Nadie sabía de su
pena, siempre dedicaba una sonrisa a todo el que se acercaba a su ventana.
Y llegaron las navidades, este año la tristeza le impedía salir a su ventana,
echaba de menos mucho a su hijo y nietos.
Los niños se acercaron cantando villancicos, La señora Paca le aporreo los
cristales, pero nada, allí no aparecía la abuela. El panadero no le pudo dejar el pan,
Hortensia se percató y convocó a los vecinos.
A las nueve de la noche estaban todos en la ventana de la abuela, cada
uno llevaba algo de comida y bebida para compartir y formaron un bonito coro de
villancicos. La abuela al oírles se acercó con paso débil para abrir el pórtico, tal fue la emoción
que no paraba de llorar. Al ver que los niños estaban allí los miró con ternura mientras les
regalaba una bonita sonrisa. ¡Cuánto hacía que no era tan feliz!
Esta Nochebuena había sido diferente, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien.
Se fue despacito a la cama con sus dolores de huesos y su cara repleta de alegría, esa
noche la acompañarían unos bonitos sueños.
Amaneció el día de Navidad nevado, las copas de los árboles blancas, un
verdadero paisaje navideño. Los niños jugaban hacer muñecos de nieve y a tirarse bolas,
las risas y el alboroto llenaban la calle.
De pronto, se abrió la ventana de la abuela y los niños se acercaron pensando que
la anciana les contaría una bonita historia de Navidad, pero según se aproximaban, allí no
había nadie. Vocearon a ver si contestaba, pero no hubo respuesta. Golpearon los
cristales que resonaron en toda la casa, pero tampoco hubo suerte. Se miraron unos a
otros y comenzaron a llamar a sus familias porque no sabían qué estaba pasando.
Cuando llegaron los padres y abuelos, intentaron de la misma manera que los
niños vocear y llamar a la ventana, pero tampoco obtuvieron respuesta. Decidieron
forzar la puerta y entrar. Les llegó un suave aroma a flores de azahar, cuando entraron en
la habitación de la anciana. Estaba dormida, su rostro tenía una tierna sonrisa que
reflejaba felicidad, pero su cuerpo ya estaba frío. Ya no estaría sola nunca más, era feliz.
Ahora estaba junto a Mariano, su marido, ya no lo volvería a echar de menos y sería la
estrella que sus nietos verían cada noche en el firmamento.
Fin.
Cita: Aprendí a disfrutar al lado de las personas que quiero, pero perdí en el
camino algunos momentos mientras intentaba aprender. Recuerda que cada instante es
único.
Escritora madrileña. Autora de la novela «La realidad de mis sueños», un thriller que tuvo mucho éxito en la firma durante la Feria del Libro de Madrid (2025).